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Vivir con diabetes

educacion diabetologicaEn ocasiones se ha definido la diabetes como “una forma de vivir” o como “una filosofía de vida”. Sin duda esto es así, ya que la persona con diabetes debe afrontar, día a día, el desafío que le supone el convivir con la diabetes, dado que vivir con la diabetes es algo más que el mero hecho de administrarse una determinada medicación, pastillas o insulina, y que comer o no comer determinados alimentos, y en determinadas cantidades. Entonces ¿qué supone vivir con la diabetes?

Ante todo es preciso tener en cuenta que ese vivir con diabetes va a depender, en gran medida, del tipo de diabetes del que se trate; y, por otro lado, del momento de la aparición de la misma.

 

Sin temor a equivocarnos, y de una manera genérica, podemos afirmar que vivir con la diabetes supone:

  1. Aceptar la condición de persona con diabetes. Es decir, aceptar la propia diabetes.
  2. Realizar correctamente el tratamiento, de acuerdo con la situación personal de cada uno, y el cuidado diario de la misma.
  3. Contar y apoyarse en el equipo asistencial que atiende la diabetes, y lo que de esta situación se deriva.
  4. Mantener una vida social plena.
  5. No cejar en la búsqueda de la Educación Diabetológica y del Asesoramiento que nos permita el correcto autocuidado.

La Aceptación de la Diabetes.

La aceptación de la diabetes, inexcusablemente pasa por una serie de fases, por el que cualquier persona con diabetes ha pasado. Lo que sí es personal es la duración de cada una de esas fases, y el mayor o menor esfuerzo para superarlas. Esas fases que llevan hasta la aceptación serían:

  • Confusión. Es la fase inicial en la que sorprende la aparición de la diabetes (no hay nadie en la familia, no se comían excesivos dulces, fue en un análisis de rutina, la persona se encontraba bien pocos días antes incluso en ese momento,…)
  • Negación. “No puede ser cierto”, “se han equivocado”, “los análisis están confundidos o son de otra persona” son algunas frases típicas de esta fase.
  • Rabia: Se empieza a reaccionar. ¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? ¡¡Con la cantidad de gente que hay me tiene que tocar a mí!!
  • Pacto. Se intenta llegar a un acuerdo con el médico/educador en diabetes, como si ellos fueran los causantes de la diabetes de cada uno. Se intenta llegar a un acuerdo en el que el diabético se compromete a cumplir “a raja de tabla” las indicaciones del personal asistencial confiando en su curación.
  • Depresión. Conforme uno se da cuenta de que no puede solucionar la situación, que la diabetes sigue y que tan solo se puede controlar y no curar, aparece la sensación de sentirse “derrotad@” y el consecuente desánimo y/o depresión.
  • Aceptación. Como alguien dijo “ya que no puedo solucionar la diabetes, vamos a ver cómo nos podemos llevar de la mejor manera posible”. Es el reconocimiento de la realidad.

Un aspecto a considerar es que esta relación de fases no es estática, sino que, a lo largo de la vida de la persona con diabetes, continuamente se está saltando de una fase a otra, volviendo a fases que se consideraban ya superadas.

Por otro lado, después de la aceptación existen tres fases más, en las que el diabético se suele mover:

  • Miedo. Conforme la persona con diabetes conoce más a fondo su situación puede surgir el miedo, sobre todo a la aparición de complicaciones.
  • Cansancio. La diabetes, hoy por hoy, es una situación que acompaña a la persona que la padece durante el resto de su vida; y a lo largo de todo ese periodo de tiempo aparecen momentos de cansancio.
  • Frustración. Sobre todo cuando el diabético, a pesar de hacer su tratamiento y cuidado correctamente, de acuerdo con las instrucciones recibidas del personal sanitario, y de su conocimiento personal, y los resultados no se corresponden con los esperados o, mejor aún, con el esfuerzo realizado.

Sin duda estas son fases temporales y pasajeras. El problema se plantearía cuando la persona se queda estancada en alguna de ellas y no consigue evolucionar. Es entonces cuando, sin dudarlo y sin miedo, se debe buscar ayuda, profesional incluso, para superarlas y evolucionar, o lo que es lo mismo, avanzar.

El Tratamiento de la Diabetes

tratamientoRealizar correctamente el tratamiento supone no solamente administrar los medicamentos que cada uno, personalmente, precisa para controlar sus niveles de glucosa. El adecuado tratamiento de la diabetes incluye:

  1. La realización de una correcta Alimentación. En este sentido es importante recordar que realizar correctamente la alimentación de la diabetes no solo supone no comer dulces, sino que implica también la práctica de una alimentación equilibrada, que incluya todos los tipos de nutrientes en la proporción adecuada y requerido por cada uno, debiendo tener en cuenta que esta cantidad y proporción dependen de una serie de circunstancias personales (edad, peso, talla, sexo, actividad física, trabajo,…) que hacen que sea diferente para cada persona con diabetes. En base a todas esas circunstancias personales, es el propio personal sanitario que atiende al diabético quien establece su alimentación, individualizada para cada uno.
  2. La práctica regular de Ejercicio Físico. Preferentemente se tratará de una actividad aeróbica (caminar, bicicleta, natación, futbol, baloncesto, footing, etc.), no explosiva, de unos 45 – 60 minutos de duración para que sea efectiva; realizada preferiblemente a diario. El gran riesgo del Ejercicio Físico es la aparición de posibles hipoglucemias o bajadas de azúcar durante su realización, y hasta 3 – 4 horas tras su finalización; para evitarlas habrá que tener en cuenta el efecto de la medicación en el momento de su práctica, su duración y/o intensidad, el tiempo transcurrido desde la ingesta o comida anterior; llevar siempre azúcar o hidratos de carbono de absorción rápida (refresco, zumo,…). Además de ello, es recomendable su práctica acompañado de alguien que sepa actuar si se produce una hipoglucemia; y también mantener una adecuada hidratación durante y después del ejercicio, así como utilizar un calzado y calcetines adecuados.
  3. Mantener la administración de los medicamentos prescritos por el médico, tanto para el control de la diabetes, como de aquellas otras patologías asociadas (colesterol, triglicéridos, hipertensión arterial,…). Existe una gran diversidad de pastillas, con efectos diferentes de unas a otras, así como una gran variedad de insulinas con tiempos de acción y duración peculiares de cada una de ellas. Es el médico quien indica el tipo de medicación y el medicamento más apropiado para cada uno, teniendo en cuenta las características de cada uno de ellos. Es importante mantener un horario constante en la administración de la medicación, tanto si se trata de pastillas como si se utiliza insulina.
  4. Realización de los autoanálisis precisos en cada caso y procurar el equilibrio entre alimentación, ejercicio y medicación, así como una actuación correcta en las diversas situaciones intercurrentes (fiebre, estrés, diarreas,…) que lleven a un adecuado control de los niveles de glucosa. En este sentido es necesario precisar que la alimentación y las situaciones intercurrentes elevan la glucemia, mientras que la medicación hace que el azúcar baje y el ejercicio físico colabora en un mejor efecto y actividad de la medicación.
  5. Es necesario ser portador de un nivel de conocimientos y de Educación Diabetológica que permita actuar correctamente en cada momento para conseguir el deseado autocontrol de la glucosa en sangre. La educación diabetológica es la medida más eficaz para disminuir los problemas y complicaciones de la diabetes. La ignorancia es cómoda y atrevida. El desconocimiento es oscurantista y limitativo. La Educación Diabetológica proporciona seguridad y autonomía, confianza y libertad; y facilita el afrontar con garantías el desafío del diario convivir con la diabetes. Pero es preciso recordar que nunca se sabe todo, y que, además, las cosas cambian con gran rapidez, por lo que la educación precisa actualización constante. Copiando a Joslin ““La Educación Diabetológica  no es solo parte del Tratamiento, es el Tratamiento de la Diabetes”.

Vida Social y Diabetes

La existencia de la diabetes no debe suponer nunca, ni bajo ningún pretexto, un freno para el desarrollo social pleno. La persona con diabetes debe mantener una vida social activa, exactamente igual a la que tenía antes del diagnóstico de la diabetes, y exactamente igual al que mantienen las personas de su misma edad, situación y condición, que no tienen diabetes. El diabético debe mantener una vida familiar llena de plenitud, sin que en ningún momento la diabetes suponga un freno para continuar haciendo todo aquello que antes se realizaba en familia. También es preciso que el niño y adolescente con diabetes desarrolle su actividad escolar y educativa con total normalidad, sin caer en la, a veces fácil actitud del abandono; además desde el ámbito escolar se le debe exigir en igualdad al resto de compañeros, sin tratos de favor ni excesivos consentimientos que en nada benefician la educación personal del joven con diabetes. El diabético, salvo contadas excepciones, está capacitado para desarrollar cualquier trabajo, debiendo dedicar a él el tiempo socialmente establecido. En algunas ocasiones, y por circunstancias laborales especiales, será preciso adaptar la actividad profesional dentro del trabajo, pero nunca la diabetes debe significar, ni debe argumentarse, para exigir mejoras laborales argumentando “una supuesta discapacidad por la diabetes”. Distinta será la existencia de alguna complicación derivada del mal control de la diabetes, pero, en este caso, será la existencia de la complicación (problemas de visión, neuropatías,…) el condicionante, no la diabetes como tal. La diabetes tampoco debe significar un aminoramiento de la vida de relación con los amigos, un alejamiento de los mismos, ni un intento de que todo el grupo actúe como si tuviese diabetes. Y la persona con diabetes puede, y debe, viajar y disfrutar plenamente de su periodo de vacaciones. Al final, como dijo alguien “un diabético triste, es un triste diabético”.

El Equipo Asistencial

El conocimiento respecto de la diabetes por parte del diabético no supone la capacidad para una autosuficiencia total. La persona con diabetes precisa un equipo asistencial que controle todos los factores de riesgo (colesterol, hipertensión,…), que lleve a cabo las revisiones periódicas que permitan la prevención y detección precoz de complicaciones; pero sobre todo que aporten al diabético orientación, ajustes en el tratamiento y control de la glucemia, fundamentalmente, apoyo y confianza, sobre todo apoyo y confianza. Dentro de ese apoyo y confianza cabe destacar la aportación de las Asociaciones de Diabéticos. En ellas se puede encontrar el apoyo del grupo, lo que ayuda a no sentirse solo; también ofrecen apoyo para la aceptación y ayuda para superar los “malos momentos” relacionados con la diabetes; y facilitan el intercambio de experiencias, lo que siempre resulta altamente beneficioso.

Resulta primordial aprender a vivir con la diabetes y NO para la diabetes, siendo conscientes de que vivir con la diabetes supone ocuparse de ella, sin preocuparse  por ella más allá de lo racional, y mucho menos obsesionarse con la diabetes.

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