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Tome esta app y diga treinta y tres

No todo en este blog van a ser recuerdos de tiempos pasados. Hoy voy a compartir una experiencia que hace nada podía parecernos el futuro pero se ha convertido en poco tiempo en un presente real: el uso de aplicaciones móviles para controlar nuestra salud.

IMAG0019Se trata este de un tema candente, seguramente habrás oído al respecto en los medios de comunicación, y se ha tratado en un reciente encuentro dedicado en exclusiva al mundo de las aplicaciones móviles: the App Date. Es esta una cita mensual en la que se habla y analiza este entorno tecnológico, y que ha dedicado un monográfico al mundo de la salud. Diversos ponentes hablaron al respecto, tanto desde una perspectiva global de la cuestión como presentando ejemplos concretos.
La aparición de smartphones y tablets ha implicado importantes cambios en hábitos  y costumbres personales, facilitando, además de la  comunicación,  el acceso a herramientas tecnológicas planteadas de una manera diferente a como las entendíamos con anterioridad. Como bien decía Pablo Gómez  con el ejemplo de los corredores,  estos han ido ampliando y modificando un aparataje técnico que en su evolución les ha llevado hasta una mayor  concienciación de su físico: pulsómetros, podómetros, gps… que finalmente se han fundido en el smartphone y con este han ampliado sus posibilidades.
En el ámbito de la salud durante los últimos treinta años se han producido tres revoluciones: la primera fue la de la imagen,  que permitió mejorar la diagnosis; la segunda Internet, que facilitó el alcance a la información tanto a profesionales como a pacientes;  la última la genómica.
Cuando el acceso a la información para la salud se extendió, se produjo un cambio de una medicina reactiva a una participativa.  Con la aparición de las apps esta puede evolucionar a colaborativa,  lo que conlleva una mayor implicación del paciente en su terapia y una reducción de costes en su tratamiento.  Para lograr esta evolución en la medicina hay que conseguir una evolución en la mentalidad de los pacientes,  el paciente empoderado, ya que son ellos los que generan el éxito de una aplicación.  En paralelo el personal sanitario también debe evolucionar, de manera que las aplicaciones sean una herramienta y no un “enemigo”, llegando a un punto en el que las apps también se receten.  Finalmente se destacaron los tres vectores que definen una app de salud: su eficiencia, lo social y lo tecnológico.
Tras esta visión general por parte de José Luis de Caserna conocimos dos ejemplos muy interesantes.
David Mena, de Primum Health,  nos presentó una herramienta de monitorización domiciliaria enfocada a personas con problemas respiratorios.  Con ella se recopilan datos biométricos que se envían a través de un tablet a un centro de datos que el médico consulta.
Este sistema tiene ventajas innegables:  reducción de costes,  reducción de la hospitalización y envío de información fiable al historial. No sólo son mejoras sanitarias, también mejoran la calidad de vida del paciente y se fortalece la relación de este con su médico.
La última presentación fue la de Virtual Rehab por Jesús Garrido,  una aplicación para rehabilitación desarrollada junto a la Fundación de Esclerosis Múltiple del País Vasco.
Planteada desde el concepto de “gamificación” se trata de un entorno virtual al que el paciente accede mediante una kinnect, un accesorio de consola de videojuegos que identifica su  cuerpo y la permite interactuar .
Tras este dispositivo encontramos una herramienta de gestión que permite al fisioterapeuta dar de alta al paciente y generar actividades según su situación y sus características,  recibiendo los datos al finalizar la sesión.
Pensada para trabajar el equilibrio, la coordinación y la resistencia, una de sus grandes ventajas es el reducido tamaño, lo que optimiza el espacio y facilita su uso de manera ambulatoria y remota.
En el debate posterior a las presentaciones se plantearon diversos temas. Uno de ellos era la privacidad de los datos médicos personales que estas aplicaciones envían, en una época en la que no paramos de compartir información sobre nosotros que no podemos controlar. Indudablemente la privacidad personal debe estar muy asegurada, pero no se planteó que el acceso a esa información sin personalizarla sería muy importante para realizar estudios sanitarios, siempre que siga las premisas del Open Data y quede bien claro para el paciente qué se hará con esos datos, información que muchas aplicaciones móviles no aclaran y puede llegar a rentabilizarse económicamente por las empresas desarrolladoras.
No se habló en este encuentro de diabetes, salvo la presencia del logotipo de Social Diabetes entre las aplicaciones destacadas.  Con más calma la veremos aquí otro día.
 

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