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Como todos los años, por navidad, mi diabetes celebra su aniversario. Con este son ya 26 años juntos, pasadas ya las bodas de plata. Es este el momento en el que vienen a mi cabeza recuerdos, propósitos incumplidos y reflexiones ante el futuro.
Aquel chavalejo que empezaba a dejar de ser un niño se vio metido de lleno en un cambio vital profundo, que todavía no ha finalizado. Sin haber estado antes ingresado, cuando tuve que ponerme aquel pijama del hospital infantil me sentí extraño, todo me resultaba desconocido, especialmente lo relacionado con esa enfermedad que acababan de diagnosticarme: la diabetes.
Lo más sorprendente es que los diversos médicos que me habían atendido los tres meses anteriores tampoco habían demostrado mucho más conocimiento sobre el tema. Desde una médico de cabecera que me mandó repetir los análisis por unas cifras de glucosa muy altas que tenían que deberse a “un error del laboratorio”, a un médico de urgencias que me recetó un inyectable que debía ponerme un practicante aquella noche. No puedo olvidar cómo aquel ATS se sorprendió ante aquel bote de insulina que de nada me serviría sin prolongar el tratamiento; pero no era él quién para contradecir el dictamen de un médico, aquellos eran otros tiempos.
Portada del libro Lo que debes saber sobre la diabetes infantilFinalmente recalé en las urgencias del infantil, con gente habituada a tratar con debuts diabéticos y que sabían cómo actuar de manera adecuada. Me tocó pasar buena parte de aquellas navidades ingresado, abrumado entre sesiones de formación diabetológica y largas horas de aburrimiento. De aquellos días recuerdo a la endocrino que me trató hasta que dejé de ser un niño: Mercedes Rodríguez Rigual y a su enfermera Teresa. Con ellas fui aprendiendo la parte médica de la diabetes y el autocontrol. Y de ellas recibí un libro que todavía hoy conservo, “Lo que debes saber sobre la diabetes infantil”, que sigue usándose en la actualidad para informar a los niños sobre la diabetes (en una edición modernizada en sus contenidos y hasta con unos Oriol y Patufet más actuales).
Si algo aprendí aquellos días era que la diabetes implicaba un cambio, pero no una limitación, como bien decía Oriol “…debes vivir con la diabetes, no para la diabetes”

mi hijo tiene diabetesCuando mi hijo ingresó en la unidad de diabetes, lo hizo de forma tranquila, ya que debutó a través de pruebas de laboratorio. No comprendía muy bien por qué estaba allí, veía a otros niños que estaban “malitos” y, preocupado, hacía lo posible para animarlos. Quería jugar con ellos y, a la vez, estaba un poco impresionado.

Me sentí muy arropada por el equipo de diabetes, pero estaba como “noqueada”, no lograba asimilar, a pesar de que estaba preparada para ello, ni lo que leía en el sencillo libro que nos facilitaron, ni lo que nos explicaba la educadora con toda su paciencia. Me servía de apoyo moral, pero mi rechazo interno era tan grande que no me enteraba bien de lo que tenía que hacer.

 

 

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