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LAGRIMAS AZULESCasi una de cada 10 personas padece diabetes. Tras el diagnóstico el paciente debe seguir un tratamiento integral con medicación y ayuda psicológica, esto para generar conciencia y aceptación de la enfermedad, así como para crear un vínculo estrecho con el régimen médico. Esto es, que la persona mantenga salud mental en su nueva condición de vida.

Algunas de las reacciones emocionales que surgen tras determinar que se padece diabetes son enojo, incertidumbre, miedo, ansiedad o depresión. Por ello resulta primordial que el enfermo debe aceptar el padecimiento y cumplir con el tratamiento.

Lo más importante es brindar la educación, es decir mostrar los beneficios del tratamiento y hacer conciencia de ello. Suele ocurrir que el paciente no responde inmediatamente al medicamento aun tomándolo de manera adecuada, en este caso habría que trabajar en las emociones que pudieran estar impidiendo la eficacia del tratamiento.

Por su parte, se debe enseñar al paciente la adquisición de hábitos saludables, disminuir las emociones negativas, mejorar la comunicación con familia y amigos, así como controlar el estrés para mejorar la calidad de vida tanto física como emocional.

Otra opción son los grupos de autoapoyo y las Asociaciones de Diabéticos, donde la persona con diabetes puede encontrarse con otras personas en una situación similar, sintiéndose escuchado y seguro. También es importante involucrar a la familia en el tratamiento y en el conocimiento de la enfermedad.

Si el paciente no se cuida médicamente, a nivel emocional las consecuencias llegan más rápido y pueden ser aún más peligrosas.

Además, un apoyo psicológico para una persona con una enfermedad crónica, nunca está de más, hay que hacer conciencia y duelo. Cuidar la salud mental y ver que el paciente puede contender con lo que le está sucediendo.

DEPRESIONLa adolescencia representa un desafío en los jóvenes. Sin embargo, esa transición se torna difícil si padecen diabetes, debido a que se enfrentan a cambios psicológicos, emocionales, sexuales y hormonales que los hace descuidar o abandonar su tratamiento.

Este cambio los vuelve rebeldes, tienden a negar la enfermedad y manifiestan un comportamiento agresivo como reacción al estrés que les produce controlar la diabetes, como consecuencia, se alimentan mal y reducen su actividad física.

La diabetes es una enfermedad crónica, pero que, con tratamiento adecuado, permite llevar una buena calidad de vida.

Para ello el tratamiento debería ser integral, con un equipo en el que, además del endocrinólogo y la enfermera educadora, se incluyera un psicólogo, un nutricionista, incluso con terapia familiar. Siendo fundamental la educación sobre la diabetes; de ella dependerá la aceptación y respuesta a la misma.

La diabetes es una enfermedad que afecta a toda la familia, especialmente cuando se diagnostica en un niño. Si usted es un padre/madre, hermano u otro miembro de la familia, su apoyo y comprensión, y no la sobreprotección, puede marcar la diferencia.

El pie diabético es una complicación muy frecuente. De cada diez amputaciones que ocurren en una persona adulta, siete son a causa de la diabetes. De todas estas amputaciones ocurridas, las lesiones no aparecieron de pronto, sino que generalmente están precedidas por ulceras o heridas pequeñas que pudieron haber sido causadas por el uso de un calzado no adecuado o de un tropezón que dejó una herida y que luego derivó a un cuadro infeccioso que posteriormente terminó en una amputación. 

El 85% de las amputaciones son prevenibles, a través de una educación donde se aprenda cuáles son las medidas básicas de higiene y de cuidados de los pies. Algunos de ellos son: Revisar los calzados y los pies a diario ya que existen casos de personas que durante su andar se les había incrustado cuerpos extraños en los pies, tales como: piedras, clavos y tachuelas que no lo sintieron, debido a la perdida de la sensibilidad. Así mismo la persona debe mantener un buen nivel del azúcar, siguiendo un tratamiento adecuado.

Cuando las personas pierden la sensibilidad expresan que no sienten sus pies, que están ausentes. En otros casos, caminan y luego notan que en algún momento de su caminata perdieron uno de sus calzados sin haberse dado cuenta de ello. Se lastiman sin sufrir dolor, o al acercar algún agente que los puede dañar como el calor o frio extremo, no tienen ninguna sensibilidad a estas temperaturas. Otra de las señales directas de que existe lesión, es la callosidad en los pies, la piel excesivamente gruesa, un cambio en la coloración de los mismos, las deformidades (el hecho de que los dedos se encojan) significa que hay un cambio en las articulaciones de esos pies, que los lleva a ser más susceptibles a lesiones por calzados comunes.

La sensibilidad perdida en los pies por una persona diabética puede ser recuperable, si esta recibe un tratamiento oportuno, temprano y sobre todo manteniendo un buen nivel de azúcar en la sangre.

Las personas con diabetes de avanzada edad o con una perdida alta de la visibilidad o problemas de columna, necesitan que un familiar los ayude a revisar sus pies diariamente o revisar sus calzados; así como es muy importante, para todas las personas con diabetes, la revisión periódica (al menos cada 4 – 6 meses) por un podólogo.

Seguramente has oído en repetidas ocasiones que el azúcar causa diabetes, ¿no? Bueno, esto no es necesariamente cierto. Es simplemente un error común que deriva de la frase “usted tiene azúcar en la sangre”.

Y aunque sí, la diabetes es causada por tener azúcar en la sangre, no es precisamente por ingerir azúcar. Ni siquiera es algo que esté comprobado científicamente. La diabetes es una de las enfermedades metabólicas más frecuentes, caracterizada por la presencia de niveles elevados de glucosa en la sangre debido a insuficiencia en la secreción o función de la hormona insulina.

Existen dos tipos de diabetes: tipo 1, se diagnostica cuando una persona no tiene insulina producida por su cuerpo y, aunque no lo creas, se desconoce por qué ocurre esto. Mientras tanto, el tipo 2 se caracteriza por una disminución gradual en la eficacia de la acción de la insulina. La diabetes tipo 2 solía ocurrir en personas mayores, pero ahora también se encuentra en niños y adolescentes. Este aumento mundial se debe a varios factores: crecimiento y envejecimiento de la población, el modo de vida sedentario, incremento de obesidad y hábitos erróneos de alimentación.

Es aquí donde radica el punto: la creencia de que comer azúcar causa diabetes es el error más común sobre la enfermedad. Pero ya sabemos que lo que predispone a una persona a la diabetes es la genética, el sobrepeso y llevar un estilo de vida poco saludable, así como no hacer suficiente actividad física y los malos hábitos alimenticios.

Lo que debes entender es que la diabetes es una enfermedad en la que los niveles de glucosa (azúcar) de la sangre están muy altos. La glucosa no es algo que encontrarás únicamente en comidas con azúcar, sino también en alimentos como la fruta. ¿Tú crees que vendrá un especialista a decirte que no comas frutas? Difícilmente eso suceda. Aquí es donde viene el giro que no esperabas: los alimentos con azúcar pueden ser incorporados en dietas de pacientes que padecen diabetes. Para muchas personas, la cantidad adecuada de carbohidratos en las comidas es de 45 a 60 gramos. El tamaño de las porciones es importante y que forme parte de un control en la dieta. Elimina el mito de que el azúcar produce diabetes y disfruta con moderación de los alimentos azucarados.

Respecto de los factores dietéticos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO) han dejado claro que el consumo de azúcar no está implicado en la etiología de la diabetes. No existen evidencias de que el azúcar cause deterioro en el control de glucosa en la sangre a largo plazo ni de que cause un exceso en la secreción de insulina.

Fuente: Youandsugar.co.za thesugarassociation


Las personas con diabetes tienen un mayor riesgo de sufrir problemas dermatológicos. De hecho, algunas enfermedades asociadas a la piel pueden ser el primer indicio de la diabetes.

Tienen, además, una mayor predisposición a las infecciones, sobre todo las de origen bacteriano. Son frecuentes también las infecciones por hongos, que afectan sobre todo las uñas, los genitales y pliegues cutáneos.

Los altos niveles de glucosa en sangre favorecen la pérdida de líquido y, cuando esto ocurre, la piel se reseca y ocasiona distintas molestias como picazón, dolor y grietas. La piel agrietada favorece el ingreso de microbios que pueden provocar una infección. Por eso, para evitar estos inconvenientes es importante tomar medidas preventivas. A continuación, 10 consejos:

1. Limpieza correcta

Con jabón sin perfume hipoalergénico, para no causar irritaciones. Es ideal que el baño no dure más de 10 minutos y que el agua no esté demasiado caliente, para no resecar la piel.

2. Secar con cuidado

Prestar atención en las zonas de pliegues: axilas, ingles, detrás de las rodillas y adelante de los codos, así como debajo y entre los dedos de los pies

3. Examinar la piel

Revisar la piel después del baño. Si se observan manchas rojas, áreas resecas, picazón, ampollas, piel delgada y brillante, o que la piel de las manos se ha vuelto amarillenta, gruesa y tensa, se debe concurrir al médico para que indique el tratamiento.

4. Buena hidratación

Es importante aplicar una crema hidratante inmediatamente después del baño. Se recomiendan cremas que contengan en su formulación lanolina o vaselina.

5. Tomar mucha agua

Por lo menos 2 litros, para mantener el cuerpo correctamente hidratado. Además, la buena hidratación proporciona elasticidad y suavidad a la piel.

6. Usar calzado amplio

El zapato cómodo reduce la aparición de callosidades o rozaduras. Cuidado con zuecos y sandalias.

7. Utilizar almohadilla plantar

Puede reducir el riesgo de desarrollo de úlceras.

8. Cuidado de las uñas

Cortar las uñas con cuidado para evitar heridas. Si hay problemas, es mejor acudir a un podólogo. Las uñas deben cortarse rectas y pueden emplearse limas.

9. Usar medias limpias y secas

Son ideales los calcetines y medias sin elásticos ni costuras. Ayudan a proteger los pies.

10. Evitar el cigarrillo

El hábito de fumar disminuye el flujo sanguíneo hacia la piel y los pies.

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