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La dieta del paciente con diabetes: ¿un problema o un ejemplo a seguir?

Un estudio del Centro de Investigación Biomédica en Red de Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas (CIBERDEM) acaba de determinar que cada año se detectan en España cerca de 400.000 nuevos casos de diabetes tipo 2. Cuando se confirma el diagnóstico, uno de los pilares clave para mantener la enfermedad controlada, junto al tratamiento farmacológico y el ejercicio físico, es la alimentación.

Sin embargo, es también lo que más quebraderos de cabeza y preguntas suele generar al principio, ya que a muchos pacientes parece que se les viene el mundo encima: “¿qué voy a comer ahora? ¿Voy a tener que pesar comida a partir de ahora? “, se preguntan muchos. Dado que la diabetes se caracteriza por un incremento de los niveles de glucosa en sangre, lo primero que uno piensa es en dejar de lado el azúcar. Pero en realidad, las recomendaciones que hace la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la dieta del paciente diabético no tienen tantas diferencias con la que debería seguir la población general. Debe ser variada, saludable y equilibrada, como la de cualquier persona tenga o no diabetes.

La única diferencia es la necesidad controlar la cantidad y el reparto a lo largo del día de los alimentos que contienen hidratos de carbono, por ser este macronutriente de influencia directa sobre los niveles de glucemia, y así evitar hiperglucemias e hipoglucemias. Estos alimentos están presentes en los grupos de los lácteos, verduras, frutas y farináceos (cereales, legumbres y tubérculos), y se deben incluir en cada una de las ingestas diarias porque son los que nos proporcionan la energía que necesitamos.

Los alimentos integrales, en la base de la pirámide nutricional

Dentro de los farináceos, base fundamental de la alimentación del paciente diabético, la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria nos propone en su última actualización de la pirámide alimenticia para la población general sustituir los refinados por integrales o grano entero. Una modificación que parece haberse hecho pensando en el paciente diabético, ya que para ellos los productos integrales son claves: conservan toda la fibra del grano mejorando el tránsito intestinal, son más saciantes y de absorción más lenta, evitando picos altos de glucosa en sangre. Además, tienen más nutrientes que quedaban fuera en el proceso de refinado, como gran parte de minerales, ácidos grasos, etcétera.

Y en contra de lo que muchos piensan, su gusto tampoco es muy diferente, solo es cuestión de ir acostumbrando al paladar poco a poco. En harinas o pastas no se nota mucho, y donde más quizá sea en el arroz, por eso aconsejamos empezar a comerlo en ensaladas, donde no se va a notar tanto su textura.

No hay frutas ‘prohibidas’

En lo que respecta a las verduras, se recomiendan 2-3 raciones diarias y que una de ellas sea en crudo, mientras que con las frutas se aconsejan entre 3 y 4 al día, dejando claro que no hay ninguna prohibida. Lo único a tener en cuenta es su contenido de azúcar, pero pueden intercambiarse: es lo mismo tomar 150 gramos de melón o fresas, 100 gramos de manzana o naranja, o 50 gramos de plátano, cerezas o higos.

Luego estarían los alimentos menos aconsejables, cuyo consumo debe ser ocasional y moderado, como las carnes rojas o procesadas, o la repostería. En esos casos, siempre es preferible optar por el “menos malo”. Por ejemplo, mejor optar por lacón que por una mortadela. O si estamos de cumpleaños y necesitamos una tarta, en vez de comprarla mejor hacerla en casa, ya que así se puede utilizar aceite de oliva virgen extra o harina integral.

Cuidado con el alcohol

Y mención aparte es el alcohol, totalmente contraindicado en pacientes con diabetes, especialmente en los tipo 1, ya que puede provocar hipoglucemias tardías, incluso graves, que resultan difíciles de controlar. Cuando uno quiere hacer una excepción, sobre todo si el paciente quiere brindar con alcohol en alguna celebración, ha de tener en cuenta que debe tener su glucemia controlada, no hacerlo con el estómago vacío y hacerse controles de glucemia capilar. E, importante, avisar en tu entorno de tu condición de diabético, porque los síntomas de la hipoglucemia pueden confundirse con los de la embriaguez.

La clave de un buen control alimenticio está en explicar bien al paciente la importancia que tiene la dieta en su enfermedad y, por ello, lo necesario que resulta tener en cuenta la información nutricional. Si uno está bien informado, puede decidir lo que come sabiendo las consecuencias que puede tener.

Un buen ejemplo son los diabéticos diagnosticados desde la niñez, que generalmente son tipo 1. Aunque al principio les resulta complicado ver que no pueden merendar lo mismo que sus compañeros, luego lo interiorizan bien y saben gestionarse perfectamente su dieta. De hecho, dicen que cuando hay un diabético en la familia, todos acaban comiendo de forma más saludable. Así que, si queremos empezar a comer mejor y más sano, pregunta a un paciente con diabetes.

 

Autora: Ana Isabel Moreno

Fuente: La Razon.es

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