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Presentamos un tutorial de cómo utilizar las nuevas agujas, estas se insertan empujando (no roscando) y se retiran desenroscando, os adjuntamos un vídeo explicativo de cómo utilizarlas, así como un documento en PDF con dibujos explicativos, por si alguien se lo quiere imprimir.

mp4Ver el vídeo demostrativo de las agujas. 
pdfDescargar el folleto explicativo del uso de las agujas.

 

La Federación Española de Diabetes (FEDE) y la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen) han acordado elaborar un 'Mapa de Buenas Prácticas' en diabetes llevadas a cabo actualmente en los servicios de Atención Primaria.

El objetivo es identificar aquellas iniciativas que destaquen por su calidad en el seguimiento de las personas con diabetes. "Para lograr que nuestro Sistema Nacional de Salud (SNS) evolucione hacia una mejor gestión de la cronicidad, debemos ir de la mano de los profesionales sanitarios que atienden a las personas con diabetes en el día a día. Y, de ahí, que esta colaboración para la identificación de buenas prácticas sea un paso muy importante, además de una vía para que estas se extiendan a todos los centros de salud de nuestro país", ha dicho el presidente de FEDE, Andoni Lorenzo.

Esta iniciativa se enmarca en la renovación anual del acuerdo marco que ambas entidades mantienen desde hace años y que, en esta ocasión, busca poner en valor el papel de los médicos de Atención Primaria como agentes clave en la mejora de la calidad de vida de las personas con diabetes.

"Es importante identificar aquellas actividades que se caractericen por su calidad a la hora de tratar a las personas con diabetes. Las buenas prácticas son sinónimo de diagnóstico precoz, seguimiento estrecho, abordaje eficaz y reducción de complicaciones a largo plazo, y tenemos el deber de reconocer a aquellos profesionales médicos de familia que facilitan la atención, mejoran control y reducen de las complicaciones", ha apostillado el presidente de Semergen, José Luis Llisterri.

Este proceso dará comienzo a principios de 2018 y se espera que concluya en mayo, un tiempo durante el cual ambas organizaciones aplicarán un protocolo de evaluación para identificar las buenas prácticas. En Semergen este trabajo se llevará a cabo por parte de sus delegados territoriales, mientras que en FEDE esta labor será coordinada por el miembro de la Asamblea de FEDE y presidente de la Federación de Asociaciones de Diabéticos de Aragón (Adearagón), Dr. José Antonio Saz.

Investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburgh (Pensilvania, EE.UU.) demostraron que dicha terapia puede llevar a la supervivencia a largo plazo de las células beta, aquellas que segregan insulina, y alargar el período de nivel normal de glucosa en sangre en ratones con diabetes.

“Este estudio es la primera descripción de una única intervención simple traducible clínicamente en la diabetes autoinmune que conduce a niveles normales de azúcar en la sangre y, sobre todo, sin inmunosupresión”, apuntó a la revista el autor principal de la investigación, George Gittes.


Además, este tipo de células pueden producir insulina pero son distintas de las células beta y, por lo tanto, no son reconocidas ni atacadas por el sistema inmune.

“La terapia génica viral parece crear estas nuevas células productoras de insulina que son relativamente resistentes a un ataque autoinmune”, dijo Gittes.

El investigador apuntó que la clave de esta resistencia parece deberse al hecho de que estas nuevas células son ligeramente diferentes a las células de insulina normales, “pero no tan distintas que no funcionen bien”.



Ensayos con ratones

El éxito de este hallazgo en los ensayos clínicos con ratones puede ser la solución para los pacientes con diabetes tipo 1, que tienen problemas con los tratamientos habituales de reemplazo de células beta.

Aproximadamente el 9 % de la población adulta del mundo sufre diabetes, que puede causar problemas de salud graves, como enfermedades cardíacas, daños al sistema nervioso, problemas oculares y enfermedades renales. EFE.


Fuente: efefuturo.com

La diabetes tipo 1 es una enfermedad crónica causada por la destrucción por el propio sistema inmunitario del paciente de las células responsables de la producción de insulina –las consabidas células beta de los islotes pancreáticos–. En consecuencia, y dado que esta insulina es la hormona responsable de que las células capten la glucosa de la sangre para producir energía, el torrente sanguíneo acaba portando un exceso de glucosa, lo que acaba provocando daños en múltiples órganos del cuerpo. De ahí la importancia de un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburgh(EE.UU.), en el que se muestra cómo una terapia génica es capaz de mantener unos niveles normales de glucosa en sangre durante mucho tiempo. O así sucede, cuando menos, en modelos animales –ratones.

Como explica George Gittes, director de esta investigación publicada en la revista «Cell Stem Cell», «básicamente, nuestro estudio es la primera descripción de una sencilla intervención y clínicamente traducible en la diabetes autoinmune que conlleva a una normalización de la glucosa sanguínea. Y lo que es muy importante, sin ningún tipo de inmunosupresión. Dada la notable naturaleza de la reversión de la diabetes, así como la viabilidad de la terapia génica con virus adeno-asociados (AAV) en los pacientes, la posible puesta en marcha de un ensayo clínico en diabetes tipo 1 y tipo 2 en un futuro próximo es ciertamente realista».

Parecidas pero funcionales

El objetivo fundamental del tratamiento de la diabetes tipo 1 es preservar o, en su defecto, restaurar, las células beta pancreáticas productoras de insulina. Sin embargo, el reemplazo de estas células beta está condenado al fracaso dado que las nuevas células serán destruidas, tal y como sucedió con las originales, por la autoinmunidad. Entonces, ¿qué se puede hacer? Pues una posible solución sería reprogramar otras células en células beta funcionales para que, así, puedan producir insulina. Y como estas células reprogramadas no serían realmente células beta, no serían reconocidas por el sistema inmune y, por tanto, no acabarían siendo destruidas. Pero, ¿esto realmente se puede hacer?

Para evaluar esta posibilidad, los autores diseñaron un AAV para que llevaran al páncreas de un modelo animal –ratones– dos proteínas denominadas ‘Pdx1’ y ‘MafA’, implicadas en la maduración, proliferación y funcionalidad de las células beta. Así, el objetivo era tratar de convertir a las células alfa pancreáticas en células beta. Y llegados a este punto, ¿por qué centrarse en las células alfa? Pues porque presentan unas características ‘idóneas’: hay un montón, se parecen mucho a las beta y ya están en el páncreas.

La terapia génica logró restaurar los niveles de glucosa en sangre de los animales a unas cifras normales durante un largo periodo de tiempo –en torno a cuatro meses–. Y para ello, tan ‘solo’ tuvo que generar células funcionales productoras de insulina –en su inmensa mayoría a partir de las células alfa, si bien hubo algunas resultantes de la transformación de otros tipos de células.

Como refiere George Gittes, «la terapia génica viral crea estas nuevas células productoras de insulina que son resistentes al ataque autoinmune. Esta resistencia parece deberse al hecho de que las nuevas células son un poco diferentes a las células normales de la insulina, pero no tan diferentes como para que no funcionen bien».

Años de normalización

Pero, más allá de los ratones ¿qué pasa con los pacientes? Pues muchos de los aspectos contemplados en la estrategia pueden ser aplicados a los seres humanos. El vector empleado es un AAV similar a los que ya se están utilizando en distintos ensayos clínicos con terapias génicas. Un vector que, además, puede ser inoculado directamente en el páncreas mediante endoscopia, por lo que no es necesaria la cirugía. Y a todo ello se aúna que no se requiere inmunosupresión, por lo que se evitarían algunos efectos secundarios como un mayor riesgo de infecciones.

Sin embargo, la mayor preocupación es que los ratones volvieron con el paso del tiempo a su estado diabético. Es decir, la terapia no ofrece una cura definitiva para la diabetes. Pero como puntualizan los autores, «si bien la protección frente a la diabetes recurrente no fue permanente en los ratones, algunos estudios sugerirían que el proceso se encuentra muy acelerado en estos animales. Así, cuatro meses en los ratones se traduciría en varios años en los humanos».

Y entonces, ¿cuál sería el siguiente paso? Pues evaluar el procedimiento en animales más grandes. De hecho, los autores ya están probando la nueva terapia génica en primates. Como concluye George Gittes, «si somos capaces de demostrar su eficacia en primates no humanos, entonces nos pondríamos en marcha para lograr la aprobación por la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) para el uso de esta terapia génica viral en pacientes con diabetes, tanto tipo 1 como tipo 2».

Fuente: ABC.es

Tiene una precisión comparable a los métodos convencionales y podría ayudar a mejorar el control de la diabetes

Las personas con diabetes se ven obligadas a pincharse los dedos varias veces cada día para medir los niveles de azúcar en su sangre, y así poder mantenerlos a raya con inyecciones de insulina. A lo largo de cada mes, los dedos de estos pacientes acumulan decenas o incluso centenares de dolorosos pinchazos. Aunque son necesarios para controlar la enfermedad, el dolor y el riesgo de infecciones hacen que algunas personas no vigilen su azúcar tan a menudo como necesitarían.

Ahora, un nuevo sensor capaz de medir el azúcar en sangre a través de la piel podría hacerles la vida más fácil. Desarrollado por científicos de la Universidad Tsinghua de Pekín (China), se trata de un sistema parecido a un parche que imita la piel que y no causa ninguna herida. En un ensayo piloto presentado hoy en la revista Science Advances, ha mostrado una precisión comparable a los métodos invasivos que hoy en día se utilizan para monitorizar el azúcar –o glucosa– en sangre.

En un ensayo piloto, el dispositivo ha mostrado una precisión comparable a los métodos invasivos que hoy en día se utilizan para monitorizar el azúcar en sangre, pero sin provocar molestias en la piel

De llegar al mercado, el nuevo dispositivo podría mejorar el control de los niveles de glucosa en los pacientes diabéticos. Cuando el azúcar en sangre se mantiene por encima de lo normal durante largos periodos de tiempo puede derivar en complicaciones graves como ceguera, problemas de riñón, enfermedades cardiovasculares o la amputación de pies o piernas. En 2015, los niveles elevados de glucosa provocaron la muerte de más de dos millones de personas en todo el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Actualmente, las personas diabéticas suelen medir el azúcar en su sangre con aparatos llamados glucómetros, que requieren pincharse los dedos con una aguja afilada para extraer una gota de sangre. Los pinchazos repetidos pueden provocar irritación de la piel e incluso infecciones. En 2001, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA por sus siglas en inglés) de Estados Unidos aprobó el primer dispositivo para monitorizar el azúcar en sangre de forma no invasiva, el Glucowatch, pero la inexactitud de las medidas y algunos efectos secundarios provocaron que desapareciese gradualmente del mercado.
El nuevo sensor desarrollado por la Universidad Tsinghua parte de la misma idea que el Glucowatch, pero ha logrado una precisión mayor y no ha provocado ningún efecto secundario en los voluntarios de la prueba piloto. En estos momentos, el prototipo consta de una batería de papel y del propio sensor, que mide tan sólo tres micrómetros de grosor –un micrómetro es la milésima parte de un milímetro. Para tomar la medida, primero se engancha sobre la piel la batería, que genera un campo magnético que atrae la glucosa de los vasos sanguíneos cercanos a la superficie de la piel. Pasados veinte minutos, se retira la batería y se aplica el pequeño sensor en la misma zona. Las distintas capas que lo conforman absorben la glucosa y miden su concentración.
Los investigadores han probado el sistema en tres voluntarios, dos personas sanas y una paciente con diabetes. En los tres casos, el sensor fue capaz de determinar los niveles de glucosa en sangre con una precisión equiparable a la de los glucómetros y los análisis de sangre convencionales. Por otra parte, el procedimiento no causó ningún tipo de molestias en la piel. En los experimentos, los científicos han utilizado un equipo de sobremesa para interpretar la información captada por el sensor, informa Yihao Chen, autor principal del artículo. Sin embargo, “en el futuro, el medidor y el biosensor, que imita la piel, estarán integrados en un sistema compacto”, explica el investigador por correo electrónico. “Podrá funcionar automáticamente por sí mismo, y el paciente no tendrá la necesidad de operarlo directamente”.
"El sistema podrá monitorizar la glucosa en la sangre de forma continua las 24 horas del día, incluso mientras el paciente duerme, de forma no invasiva”, remarca el científico de la Universidad Tsinghua. La idea de los investigadores, a largo plazo, es acoplar el sensor a una bomba que suministre insulina automáticamente en función de los niveles de azúcar de los pacientes medidos en tiempo real. “En estos momentos estamos trabajando con un equipo de la industria biomédica para desarrollar el sistema y hacerlo más preciso, compacto y fiable”, declara Yihao Chen, que señala que no está autorizado para compartir predicciones sobre cuánto tiempo puede tardar el sensor en llegar al mercado, o cuál puede ser su precio final.

Fuente: La Vanguardia
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